Atacando la vertical

A Ignacio Rábago le gustan las formas simples, y encuentra esa simplicidad en una larga serie de objetos: bases, cubos, pilares y chimeneas. Considera estos elementos como artísticos en sí mismos; objetos potenciales que son el punto de partida de toda una gama de formas nuevas. Cuanto más simple y estricta es la forma, mayor es la belleza. En este sentido, Rábago resulta ser, paradójicamente, un clásico. Sus bocetos, sus proyectos definitivos y todas las descripciones de sus proyectos parecen clásicos. La diferencia, la actualidad, reside únicamente en la elección de los materiales.

En un sentido inmediato, su trabajo recuerda al del arquitecto, en la elaboración de formas posibles y en las largas series de cálculos que siempre se encuentran en sus proyectos. Por eso no es casualidad que Rábago, en esta exposición, haya elegido la chimenea como objeto triunfante, como su objet d’amour.

Rábago empezó observando la chimenea como objeto, y después pasó a recrearla en numerosos bocetos y fotografías. Imágenes que congelaban un objeto enteramente concreto. En el cuarto oscuro, formalizó el objeto igualando las diferencias hasta que apareció la forma «pura». Una forma que, en este caso, es portadora de un mito al que dan vida las cifras arquitectónicas sobre las que se basa la estructura de la construcción. Más importante aún para Rábago es el hecho de que las dimensiones de la chimenea están, en cierta medida, relacionadas con la anatomía humana.

Su exposición anterior, «Hvor?», se basaba en otra tradición arquitectónica: el laberíntico monumento que es el edificio de la Universidad de Copenhague en Amager. Rábago eligió este edificio a contrapelo, como una especie de desafío. Dio largos paseos por la universidad, sobre los que dice en el catálogo de la exposición:

«Poco a poco se me hizo evidente que las secuencias rítmicas desempeñaban un papel importante en la distribución y la configuración de las salas. Por secuencia rítmica entiendo la relación que existe entre la luz, los bancos, los relojes, las puertas, los escalones… y especialmente las columnas, que son la parte más importante de este proyecto. Son el fundamento del edificio; son ellas las que ponen orden en la manera en que se distribuye el edificio. Quiero crear desorden en este orden».

Rábago acepta así las premisas de la arquitectura, con el propósito expreso de contrarrestar su estructura. Él mismo creó las numerosas columnas que, por un lado, rompen el ritmo del edificio y, por otro, esconden la exposición, razón por la cual se tituló «Hvor?» («¿Dónde?»). La arquitectura queda radicalmente modificada por las columnas inclinadas, y es como si se hubiera convertido en un monumento que cae. El trabajo en la exposición supuso para Rábago sorprendentes esfuerzos físicos y mentales. Pero el resultado final no dejaba lugar a dudas: el edificio existía de repente como expresión de un temperamento.

En relación con el proyecto «Hvor?», y además de la extensa instalación, Rábago preparó dos vídeos. En ellos se aprecia su gran sensibilidad hacia los materiales. Una sensibilidad que llega mucho más hondo que una fascinación inmediata por los trapos, el papel, las esponjas de limpieza, etc. En los vídeos, Rábago muestra cómo trabaja mediante la búsqueda inductiva: toca los objetos, los aprieta o los coloca en nuevos contextos. Y, al igual que con la elección del objeto, Rábago vuelca su afecto en un material escogido: hormigón, madera, cuerdas o, como en la presente exposición, ladrillos. Es también un material con el que ha trabajado en exposiciones anteriores, entre otras la de Málaga. Pero son la forma y el estado actuales de los ladrillos los que dan forma a la exposición; si, por ejemplo, las piedras hubieran tenido agujeros, esto habría «dictado» otras formas posibles. Las piedras podrían haber colgado del techo. Esto no debe hacer creer que Rábago realiza producciones «arbitrarias». Su propio estilo característico se traslada con seguridad al tratamiento dado del objeto.

Las exposiciones van precedidas de cientos de dibujos, bocetos y cálculos. Rábago examina las posibilidades del material y de la forma con una minuciosidad matemática y sistemática. Crea su propio eje, sobre el que existe el proyecto, al que hay que añadir todas las nuevas posibilidades que gravitan en torno a ese eje: el tronco como principio establecido del que surgen, con la máxima finura, las variaciones posibles.

Su método de búsqueda inductiva se aprecia también en la presente exposición: ¿qué pasaría si de la chimenea colgaran coches? ¿O si la chimenea pudiera recrearse en el interior, colgada a lo ancho de la sala? Etc. Así se amplían los conceptos de espacio y de forma. De manera bastante fantástica, en realidad, porque Rábago no es un estadístico de cálculo frío. Al contrario: crea sorpresas, juega, añade humor. Y, al final, calidez.

Todos esos elementos en equilibrio de las exposiciones muestran la inclinación de Rábago por la sorpresa, por transmitir, o incluso transformar, la fascinación de los materiales hacia el espectador. El mismo carácter lúdico aparece en sus fotografías. Es ahí donde Rábago coloca imágenes construidas, escenificadas, y muestra las combinaciones posibles de los objetos. Las fotografías son a la vez escultóricas y, una vez más, investigaciones inductivas sobre el equilibrio en el espacio. En realidad, existe un paralelismo entre su acto físico y tridimensional de equilibrio entre los elementos y la naturaleza bidimensional de la fotografía. Los elementos de Rábago están verdaderamente en equilibrio, pero sus fotografías crean una ilusión. Las imágenes suelen tomarse en su taller, situado en la nave industrial abandonada de B&W, en Copenhague. La disposición central de su parte de la gran nave consiste en dos mesas de trabajo y una plataforma en el medio: un espacio despejado de la sala es donde realiza principalmente sus experimentos; bloques de hormigón, montados en cuerdas, se atan al suelo y al techo. Ahí se encuentra la preparación, e incluso la condición previa, de la presente exposición de Rábago.

El objeto en sí, la chimenea abandonada, ha sido la inspiración, el punto de partida. Rábago ha convivido ya con ella durante un largo periodo, y su objet d’amour está probablemente guiado por tanto amor que, cabe suponer, desea a la chimenea un futuro mejor en Brandts Klædefabrik.

AutorLars Schwander
CargoDirector del Centro de Fotografía de Copenhague; director del Departamento de Fotografía del Museo Louisiana
FuenteTexto de introducción para el catálogo del proyecto «Atacando la vertical», Museo de Brandts Klædefabrik, Odense, 1989
Año1989
Sobre→ N° 011 · Atacando la Vertical: El Coche Volante
TraducciónTraducido del inglés para este sitio